Barandillas de aluminio en Bilbao: compra y cuidado

07 Ene 2026
5 min lectura
Carpintería de Aluminio
Barandillas de aluminio en Bilbao: compra y cuidado
Aprende a elegir barandillas de aluminio seguras y duraderas para tu casa en Bilbao: materiales, acabados y qué pedir en un presupuesto. Incluye mantenimiento fácil contra humedad y salitre, comparativa de opciones y respuestas rápidas a dudas frecuentes sobre normativa y limpieza.

Antes de comprar: piensa dónde la vas a poner (y quién la va a tocar)

En Bilbao, una barandilla de aluminio no se compra “porque sí”. Lo primero es mirar el sitio: ¿terraza abierta con viento y salpicaduras de lluvia, o un balcón medio protegido? No es lo mismo una barandilla para una comunidad en Deusto (con críos y gente apoyándose todo el día) que para tu ático donde solo sales tú a regar las plantas. Si hay niños o mascotas, yo iría a lo práctico: separación entre barrotes que no invite a trepar, y un pasamanos cómodo, sin aristas que te dejen el antebrazo marcado.

Luego está el tema del acabado. En Bilbao, con tanta humedad, elige lacado en polvo (aguanta mejor el trote y es más fácil de limpiar) y un color que no te esclavice: blanco y antracita suelen disimular bien el uso diario. Y ojo con “lo barato”: una barandilla puede verse igual el primer mes, pero si el montaje va justo o los anclajes no son los adecuados, a los dos inviernos empiezan los ruiditos y las holguras. Pregunta por el tipo de fijación y por dónde entra el agua; ahí es donde se decide si te durará años o te dará guerra.

Qué pedirle al instalador: detalles que luego evitan disgustos

Te cuento una típica: alguien compra la barandilla, la montan “rápido” y al primer temporal en Miribilla empieza a vibrar. No era el aluminio en sí, era el conjunto: postes con poca sección, tornillería normalita y anclaje sin sellado. Cuando hables con el instalador, ve al grano: qué tornillería usa (inoxidable), cómo remata las uniones y si pone juntas o tapones donde toca. No es postureo, es que el agua, cuando encuentra un hueco, se cuela y te acaba dejando manchas, holguras o incluso oxidación en piezas que no deberían oxidarse.

También pregunta por el “diseño real” del día a día: si te apoyas a mirar la calle, ¿el pasamanos es cómodo? Si tienes jardineras, ¿hay espacio para moverlas sin rozar el lacado? Y si es una comunidad, ¿cómo se limpia sin que el vecino del primero acabe empapado? Una barandilla bien pensada no te obliga a tener mil cuidados; simplemente funciona. Ah, y pide que te dejen claro el mantenimiento: qué producto sí y cuál no. Ese minuto de conversación te ahorra estropajos, rayones y enfados.

Cuidado sencillo: lo que haces en 10 minutos para que siga como nueva

Cuidado sencillo: lo que haces en 10 minutos para que siga como nueva

El aluminio, bien tratado, es agradecido: no te pide rituales raros. En Bilbao, con lluvia y polvillo, yo haría esto: cada 1-2 meses, una pasada con agua tibia y jabón neutro (tipo lavavajillas), esponja suave y aclarado. Nada de estropajo verde ni productos “milagro” para brillo: ahí es donde empiezan las micro-rayas. Si ves manchas negras en esquinas, suele ser suciedad acumulada o agua estancada; seca con un paño y revisa que haya drenajes libres (sí, esas ranuritas pequeñas cuentan). En zonas muy expuestas, una capa ligera de cera para coche en el lacado puede ayudar a que la suciedad no se agarre tanto.

Lo que más estropea una barandilla no es el clima, es el mal uso: colgar macetas con ganchos que muerden el perfil, apoyar bicis rozando, o usar lejía porque “desinfecta”. Si necesitas limpiar algo difícil (resina, pintura), prueba primero con alcohol isopropílico en un rincón poco visible. Si el lacado se raya, no lo tapes con esmalte al tuntún; pregunta por un retocador compatible. Y una vez al año, aprieta tornillería accesible y revisa sellados. Son 10 minutos y te evitas el clásico “esto antes no se movía”.

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